El ejemplo de una mamá que dijo: No más

La violencia obstetra me indigna en lo más profundo de mi ser, sin embargo la indignación sin acción es una energía estancada que se pudre en uno mismo. La indignación con acción consciente, planificada y con determinación, normalmente es la energía impulsora de grandes cambios.

El cambio es evolución y la mayor evolución está en adquirir conciencia en la importancia trascendental del cuidado infantil en la creación de un mundo nuevo.

El cambio a un parto humanizado está en ti y en mi. El ejemplo de una mamá que dijo: No más.

Nos hemos deshumanizado a tal grado con el inicio de la vida, hoy nos parece normal separar a un Ser humano de su madre.

El inicio de la vida humana merece ser tratado con el entendimiento de lo que está sucediendo: ESTÁ LLEGANDO UN SER HUMANO AL MUNDO y esto sucede desde el vientre materno.

Las personas que tienen el privilegio de recibir a los seres humanos en este mundo, necesitan saber el poder de su intervención en el recibimiento de los bebés.

Su trato es la primera experiencia de una persona sobre este mundo.


Crear conciencia sobre la violencia obstetricia es luchar por los derechos humanos, por los derechos de la mujer y los derechos del recién nacido.

El futuro de la humanidad se redefine con cada generación no solo de mamás y papás, también con cada generación de obstetras, parteras, cuidadores infantiles y maestros que tienen el privilegio de estar en contacto con el ser humano en su más puro estado de conciencia, y la gran responsabilidad de implantar en ellos, a través de su trato, lo que será su percepción de sí mismos y del mundo al que llegaron.

Un parto respetuoso es el inicio de un mundo mejor, es el inicio del resto de la vida humana.

Que el valor de esta mamá, Agustina Petrella, sea el inicio de una re-evolución de conciencia sobre nuestro derechos de un parto respetado y humanizado.

“Acá no estamos para cumplir los caprichitos de los padres”: la historia detrás del primer juicio por violencia obstétrica del país

 

Agustina Petrella (43) inició un juicio sin precedentes: demandó por “violencia obstétrica” a la neonatóloga, al obstetra, a la prepaga y a la clínica en la que nació su hija. Se trata de una forma de violencia de género reconocida en la ley

 

Por Gisele Sousa Dias 28 de junio de 2017
gsousa@infobae.com

 

La actriz y comediante Agustina Petrella junto a Milagros, su segunda hija, que hoy tiene dos años.
Agustina Petrella tenía 38 años cuando quedó embarazada de su primer hijo. La experiencia del nacimiento no fue lo que había imaginado. Por eso, mientras estaba embarazada de Milagros, su segunda hija, una partera le comentó que podía presentar en la clínica un “plan de parto”. Eso hizo: pidió por escrito que en el parto no hubiera gente de más, que las luces estuvieran bajas y que, salvo que la beba tuviera alguna complicación, la apoyaran en su pecho rápidamente, sin bañarla y sin pincharla, para respetar lo que se conoce como “la hora sagrada”. Pero, otra vez, nada de lo que quiso sucedió.
“Quedé embarazada sorpresivamente a los 38 años y para mí fue un desconcierto total. Todo lo que decían de la maternidad me parecía una pavada. No me sentía especial ni tampoco me bancaba toda esa cosa de las mamis”, arranca ella, que es actriz y comediante. Alguien le recomendó que hiciera un curso de pre-parto llamado “Mater Pater”, donde le enseñaron qué es un parto seguro y respetuoso de la fisiología y cuáles son las necesidades físicas y emocionales del bebé y de la mamá.

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