¿Qué hacer cuando la maestra te diga que tu hijo se portó mal?

¿Cuántas veces te han hablado del kínder o del colegio para decirte que tu hijo se portó mal, le contestó a un amiguito, le pegó o no hizo lo que se le pidió?

 

“Señora (tu nombre), siento mucho decirle que el día de hoy tuvimos que poner a (nombre de tu hij@) en tiempo fuera porque le jaló el pelo a Susanita…”

 

Mientras te informan, tu hijo se esconde junto a ti apenado y triste con carita de “lo siento, yo no fui, mamá”.

 

Tú, por supuesto, sienes una pena tremenda por lo que pasó y agregas “(nombre de tu hij@), lo que hiciste no estuvo bien. No quiero que Miss (nombre de la maestra) me vuelva a decir que te portaste mal.”

 

La carita de tu hijo lo dice toooodo, esos ojitos se están llenando de lágrimas porque la personita que más amas se siente humillada, confundida, culpable y mala pues ese es el mensaje que está recibiendo. Al ver su carita, tú y la maestra se sienten tranquilas e intercambian miradas de “ya entendió, ya sabe que no debe hacerlo”. Uff!!

 

Probablemente lo haya captado, pero tu hijo además de sentirse mal por lo que hizo, se siente mucho peor por lo que se dice de él. La persona que más ama, o sea tú, lo califica como alguien malo y que te pongas del “lado de la maestra” lo hace sentir solo.

 

La verdad es que tú como mamá (o papá) también te sientes ¡pésimo! Quieres que tu hijo sea obediente, respetuoso y bien portadito. Sientes cierta culpa porque te sabes responsable de su comportamiento. ¿Qué estoy haciendo mal? ¿Por qué se porta así? ¿Dónde aprendió eso?

 

¿Te ha pasado algo similar?

 

Estoy segura de que sí, sabes ¿por qué? Porque todos tenemos expectativas de los niños que son muy difíciles de alcanzar porque… ¡son niños! A veces perdemos de vista la etapa de desarrollo en la que se encuentran y se nos olvida que viven en un mundo emocional ¡muy intenso! Por su corta edad, no entienden lo que sienten y no saben comunicarlo, mucho menos regularlo.

 

Fisiológicamente, no pueden “controlarse” (como nosotros) porque su corteza prefrontal (la encargada de regular las emociones) no se ha terminado de desarrollar, peeeero aun así se los exigimos y, por no lograrlo, los regañamos, castigamos o humillamos “para que aprendan”.

 

Pero… realmente ¿qué está aprendiendo tu hijo cuando lo regañas por portarse mal? ¡Pues que es malo! Con nuestro trato creamos las conexiones neuronales para que se asuma como tal, o no.

 

CUANDO A UN NIÑO ETIQUETADO COMO “MALO” LO TRATAS COMO “BUENO” LE DAS LA OPORTUNIDAD DE SERLO.

 

¿Qué tal si en vez de ponerte del lado contrario de tu hijo te pones siempre de su lado? Sabiendo y creyendo la buena persona que es le das el espacio para que lo sea.

 

3 PASOS PARA CUANDO LA MAESTRA TE DIGA QUE SE PORTÓ MAL:

1. Agradécele. Dile “Seguramente algo tiene (nombre de tu hijo), yo voy a platicar con él”.

 

Así dejas de poner a tu hijo en el spotlight ante el juicio negativo de alguien más, y te quitas la culpa o el estigma de “mala mamá” que nos hace voltear esa energía en contra de nuestros hijos.

2. Conecta con tu hijo cuando estén solos, esto es lo primero y más importante que tienes que hacer. Dile cuánto lo extrañaste y lo mucho que lo amas. Desde el corazón, interésate por saber cómo se encuentra.

 

Pregúntale “¿cómo estás?, ¿qué fue lo q más te gustó de tu día? y ¿qué fue lo que menos?” Probablemente con esa pregunta, te cuente algo sobre lo que sucedió. Acuérdate de ir hacia la emoción detrás de la acción. Lo más importante no es enfocarte en el acto.

 

Tu hijo: Susanita no me quiso prestar la pelota
Tú: ¿La estaba usando ella? (Da espacio para que responde)
Tu hijo: Sí mami, yo también quería jugar con la pelota y no me la prestó.
Tú: Querías jugar con la pelota y no te la prestó (repite sin juzgarlo) ¿cómo te hizo sentir? (Da espacio para que responde)
Tu hijo: Susanita es mala, no me la quiso prestar y le pegué.
Tú: “Le pegaste a Susanita porque no te quiso prestar la pelota” (repite sin juzgarlo) ¿Qué sentías?
Tu hijo: “Me enojé mucho”

 3. Educa sin regaños ni castigos.

 

Tú: Te enojaste mucho… (repite sin juzgarlo). Puede ser frustrante cuando no logramos lo que queremos.  ¿y cómo crees que se sintió Susanita cuando le pegaste?” Con esta pregunta empiezas a crear empatía, a despertar su conciencia.

 

Tu hijo: Mal

 

Tú: “¿Crees que hubieran podido tomar turnos con la pelota? ¿O podrían haber jugado juntas un juego diferente, por ejemplo (este juego que le encanta)?” Así evocas una emoción positiva que tiene con relación a la pelota y la transfieres a una escena que probablemente se repetirá en el kínder. Es una forma de darle las herramientas para que la próxima vez pueda hacerlo diferente.

 

5 PASOS IMPRESCINDIBLES SI LA MAESTRA LE DIO TIME OUT U OTRO CASTIGO:

 

Es importantísimo que lo ayudes a procesar lo que sintió.

1. Repite todo lo que te diga para validarlo.

2. Pegúntale dónde sintió esa emoción, en qué parte del cuerpo específicamente.

3. Soba la parte que señale. Seguramente sea el estómago o el corazón.

Probablemente en ese momento tu hijo llore porque se está desbloqueando la emoción, y eso es justo lo que quieres.

4. Permite que exprese toda la emoción sin juzgarlo o cortarla con el típico “shshsh… ya pasó”.

5. Dile cuánto la amas y enaltece la virtud que se pudo haber “apachurrada” con lo ocurrido. Por ejemplo: sé que eres muy generoso y aun así hay veces que no te gusta compartir las cosas y está bien. Susanita esta vez no quiso compartir y está bien. Lo padre es que mañana puedes invitarla a jugar el juego que tanto te encanta.

 

La próxima vez que te digan que tu hijo se portó mal, ya sabes qué hacer: descubrir la emoción que lo llevó a actuar así sin poner en duda la buena personita que es.

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